El inicio de año generalmente es tomado como un tiempo de vacaciones, ya sean cortas o largas y se caracterizan en su mayoría por visitas a la playa o a la montaña. Sea cual sea el lugar favorito para descansar, esta es la época en la que agregamos metas y propósitos que nos hacen construir la esperanza de un buen y provechoso futuro, se marcan metas y propósitos, entre los más comunes: cambiar de empleo, adquirir una nueva habilidad, bajar de peso o atrevernos a vivir emocionantes y nuevas aventuras para recordar, principalmente al aire libre.
A mí me encantan los deportes de aventura aun cuando padezco de temor a las alturas y otras cuantas fobias, puedo decir que he disfrutado deportes como el canopy, salto en bungee, rafting y hasta el rapel, aún me faltan 3 actividades para cumplir mi ciclo de aventuras extremas antes de los 35: primero saltar en paracaídas, segundo lugar volar en parapente y en el tercer puesto el surf. Al mar no le tengo miedo (eso ni yo me lo creo), pero si mucho respeto. La emoción me gana y me antojo de intentar cuando veo desde mi zona segura en la playa a personas de todas las edades disfrutar de montar olas y avanzar sobre el mar.
En mis más recientes vacaciones por fin lo intente, pasé del antojo a la realidad, tomé una tabla y me lance al mar, debo confesar que el marcador luego de mi primer aventura fue de 1 a 0: Mar embravecido 1, Yo 0.
Parece chistoso pero esto fue lo que pasó; me dirigí a una playa cercana al centro del hermoso puerto del Caribe en Playa Bonita, Limón, un lugar simplemente increíble -que si tienen la oportunidad no pueden dejar de visitar. Allí, tomé prestada la tabla de surf de una amiga “que sí sabe surfear” y luego de una clase intensiva con ella me adentré en el mar. Empecé muy bien, con mi cuerpo sobre la tabla y mis amplios brazos como remos, me dirigía rápidamente al lugar donde me indicaron se formaban las mejores olas. Hasta ese momento solo había tenido que pasar sobre unas cuantas olas pequeñas nada difíciles para un entusiasta principiante, de repente vi que una enorme masa de agua se dirigía rápidamente hacia mi, en ese momento sabía que tenía que tomar una decisión, iba a poner en práctica una de las dos acciones que más había observado en películas de surf que lo profesionales hacen, uno darle la espalda y tomar la ola o segundo pasar por debajo de ella y seguir buscado cual surfear.
En el cine y la televisión los surfistas hacen ver esas maniobras muy sencillas, pero cuando yo lo intenté, no obtuve los resultados esperados, mi decisión fue intentar pasar por abajo de la ola, pero cuando empujé la tabla contra el agua esta se devolvió con tanta fuerza y rapidez que me dió un buen golpe en el rostro y ya sin tiempo de intentar otra maniobra termine dando vueltas en el agua.
Sobreviví, por eso estás leyendo esta historia, pero debo decir que no salí ileso de la aventura, en el recuento de los daños, puedo decir que me dejó un buen dolor de mandíbula, varios raspones, litros de agua salada en mi organismo y una enseñanza de vida.
Podría mostrarte las heridas de guerra, en video o en fotografía pero no creo que sea muy agradable, en cambio quiero compartir la enseñanza que aprendí ese día. El Surf es como la vida a inicio de año, podemos enfrentarnos a las olas con mucha confianza esperando lo mejor, pero es inevitable que una que otra vez una gran ola se levante frente a nosotros y nos revuelque, lo importante es que siempre se puede salir a flote e intentarlo de nuevo, unos raspones y unos cuantos golpes no deben determinar el fracaso en lo que quieres lograr en este año, con buena práctica, perseverancia y pasión, puedes lograr que las olas en lugar de tumbarte, te impulsen a alcanzar lo que más quieres.
Este año, cuando sientas que las olas del desánimo te quieren derribar, recuerda que puedes darles la espalda, colocarte en posición y dejarte impulsar por ellas, te aseguro que llegarás más lejos de lo que te imaginas.

