La Familia Galleta

La Familia Galleta

Hace algún tiempo surgió una gran polémica en mi país a causa de algunos anuncios de una marca de galletas que intentaban definir el significado de familia. Ya se ha conversado mucho al respecto y no voy a emitir una definición de la palabra en cuestión, sino cómo, independientemente de la familia en la que usted se encuentre, pueda mejorar la comunicación y más si está pensando iniciar un negocio familiar.

Hoy en día existen más medios de comunicación y mecanismos de libre expresión que en cualquier otro momento de la historia de la humanidad, sin embargo luchamos día a día con problemas de comunicación tanto en lo que decimos como con lo que escuchamos y principalmente dentro de las familias.

Ambientes familiares donde los padres imponen su parecer, los adolescentes hablan solo en monosílabos o están consumidos en su teléfono celular, los niños parecen más inquietos que nunca y solo hacen preguntas del “por qué”; las parejas prefieren hacer caritas, tirar codazos o pellizcos intentando que el otro lea su mente -cual psiquico o medium, a articular oraciones, y los abuelitos repiten las mismas historias siempre y demandan más que un niño de 10 años, son pan nuestro de todos los días.

Pero, ¿cómo podemos comunicarnos cuando las familias son tan distintas y sus miembros también? En la escuela nos han enseñado que para comunicarnos necesitamos un emisor, un mensaje, un canal y un receptor, en otras palabras, alguien que hable primero y alguien que escuche después.

La comunicación debe ser algo intencional y empieza, no con lo que voy a decir, sino con lo que espero oír, es proponerme escuchar conscientemente al otro (tenemos 2 oídos pero solo una boca – estamos diseñados para escuchar el doble de lo que hablamos). Esto cuesta mucho en la familia, porque todos tienen sus personalidades y su carácter, sin embargo para escuchar y comunicarse bien se necesitan:

  • Sinceridad y Confianza
  • Respeto y atención
  • Valorar sin juzgar de antemano.

Es como cuando se habla con los amigos, se habla el mismo idioma, tenemos un lenguaje en común, no es el mismo que uso en el trabajo, en la universidad o el colegio, es un lenguaje que todos entienden y que facilita la relación.

Se supone que mucho de lo que une a la familia es la sangre o el parentezco, sin embargo hay algunas familias en las cuales esto no aplica y a ellos los unen otros lazos no necesariamente sanguíneos. Sin embargo hay algo en común y es que tiene que haber algún sentimiento fraternal el más común es el amor.

Hay muchas personas que se desviven por los otros, pero no son capaces de percibir que hay un hijo, una esposa, un esposo, una hija, un hermano o hermana, una persona con su misma sangre, que necesita de ese apoyo y ayuda que damos a los demás a manos llenas

Muchos pensaríamos que servir a nuestra familia parte desde el punto de vista económico; y que si algún familiar le pide dinero se está en la obligación de darlo o de proveer obligatoriamente sin cuestionamiento o duda. Hay muchas maneras de servir y amar a tu familia sin basarse necesariamente en lo económico. Cosas simples como: mostrar afecto, una sonrisa, una llamada, comprensión, escuchar sin criticar, un pequeño regalo o gesto.

Aprender a relacionarnos con nuestra familia es la base para aprender a relacionarnos con los demás.

A los amigos los escogemos, a la familia no necesariamente, sin embargo con la segunda nos toca navegar en el mismo barco toda la vida, lo mejor que podemos hacer es ponernos de acuerdo para remar al mismo lado y entender que para que yo crezca saludablemente mi familia también lo debe de hacer.

Bendiciones.

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