Tenemos que Hablar

Tenemos que Hablar

Hasta se me eriza la piel con tan solo recordarlo. Tres simples palabras que juntas pueden anticipar una muy buena noticia o el inicio de una horrenda pesadilla. Y que para la cultura tica (mi país Costa Rica), es mejor endulzar y ocultar antes que hablar y confrontar.

Ya habíamos tenido problemas como cualquier pareja e incluso y una breve separación y esa frase lo comenzó todo, porque ella tenía la extraña sensación, que no era “la prioridad para mi”, sino que a sus ojos por mi vocación de servicio, yo le daba mucho más importancia a cualquier otra persona menos a ella y la entiendo a nadie le gusta competir por atención y menos si es la pareja. Pero por dicha en esa ocasión lo resolvimos, hablamos, el tiempo separados nos hizo darnos cuenta que nos extrañábamos, y que merecíamos darnos una nueva oportunidad. Pero esta vez sería diferente, los dos nos comprometimos a no dejar crecer las diferencias, a hablarnos con la mayor sinceridad posible, no reservarnos nada y buscar consejo, pero sobre todo a ser transparentes y no mentirnos.

Todo parecía bien, Yo cumplía mi parte y trataba de ser lo más detallista posible, me emocionaba porque la veía con una sonrisa de oreja a oreja, la escuchaba reírse mucho más que antes, incluso nuestros tiempos de buena conversación eran aún más amenos que cuando éramos novios.

Desde mi perspectiva que es la única que tengo, cedía y me daba, en general, no me gustan las aglomeraciones, soy más de pequeños grupos, pero el amor transforma, empecé tomarle el cariño a los eventos sociales, incluido un concierto con Marc Anthony y Gilberto Santa Rosa, donde bailamos hasta que el cuerpo aguantó… Todo parecía ir bien, no me cambiaba por nadie, hasta que un día, justo un año después de haber regresado como familia, de llevarnos mejor que en cualquier otro momento de nuestras vidas, repito, desde mi perspectiva; ella pronuncia nuevamente la terrible frase… Te-ne-mos que hablar…

En esa ocasión, no lo sentí como una amenaza, sino como una invitación para una conversación profunda… me lo dijo en la mañana justo cuando salíamos para el trabajo, así que durante el día estuve pensando en qué sería lo que quería conversar conmigo, incluso haciendo números para descorchar una botella de vino, teníamos una botella que habíamos comprado poco tiempo antes y seguro sería un buen momento para beberla juntos. Quizás quería darme la sorpresa de que quería dejar las pastillas anticonceptivas y que intentaramos aumentar la familia. Que le ofrecieron un ascenso en el trabajo, o que tenía la idea de un emprendimiento al que quería dedicarle tiempo. Muchas posibilidades pasaron por mi mente, pero ninguna me preparó para lo que realmente pasó esa noche.

Recuerdo que fue un terminando el mes de agosto, unas semanas antes de los desfiles de independencia en el país. Al inicio hubo un silencio casi sepulcral entre nosotros, se podía cortar el aire con un cuchillo. Yo veía que estaba buscando las palabras para decírmelo, respiró profundo y con su cabeza inclinada, sin verme a los ojos, me susurró, “No quería hacerlo, pero ya no aguanto más”. Luego aumento su voz y me dijo “No puedo seguir con esto. ¡Ya no te amo!”

Luego de esas palabras hubo más silencio, cálculo que no cruzamos palabras ni miradas por unos eternos 5 minutos. Hasta que con lágrimas en los ojos y tragando grueso le pregunté, “¿Te he fallado en algo, te lastime de alguna manera, hay alguien más?” Pero solo recibí un estruendoso silencio de su parte. No podía creer lo que acaba de pasar, la mujer a la que yo había prometido amar por toda la vida, me dijo que no me amaba y que no era feliz a mi lado.

En ese momento sentí como mi corazón se quebró en mil pedazos, cómo todo el mundo que creía conocer, se desvanecía con un chasquido. Y la esperanza que tenía empezó a convertirse en depresión y odio.

A partir de ese momento y por algún tiempo intenté por todos los medios posibles, entender lo que pasaba, salvar el matrimonio, la familia. Pero lamentablemente, ella no dio marcha atrás.

Después de 8 años juntos 3 años y medio de novios y 4 años y medio de matrimonio. Ella ese día decidió no luchar más y no ver para atrás. Finalmente, unas semanas después firmamos el divorcio.

Una experiencia tan dolorosa, que llegué a sentir que era más compasivo morir por inyección letal o comido por hormigas que lo que estaba viviendo, un dolor tan indescriptible que ni a mi peor enemigo se lo desearía.

Todos los sentimientos posibles los experimente, negación, culpabilidad, odio, rencor, ganas de asesinar, resignación, compasión e incluso después de un tiempo hasta amor nuevamente, pero de una manera distinta.

Algo que recordé mientras recogía los pedazos de la vida que me quedaba, fue que me había prometido. Que de mí nunca saldría agua dulce y agua limpia de la misma fuente. Que no podría amar a una persona y luego sin más odiarla toda la vida. Esa actitud no la quería en mi corazón.

Con el tiempo esa decisión fue la mejor, pues trajo a otra persona a mi vida, no me arrepiento y posiblemente si tuviera la oportunidad de volver en el tiempo, no cambiaría nada por lo que tuve que pasar, porque hoy varios años después. Esa frase, que en algún momento me atemorizó y trajo malas noticias a mi vida. Se ha convertido, en la base de mi familia. Donde “tenemos que hablar” es parte esencial de nuestro día. Lo primero que hacemos al despertar y lo último antes de acostarnos,

Hoy, “tenemos que hablar”, es música para mis oídos, es la oportunidad de ser transparente, de expresar lo que siento, de construir mi relación sincera y real de amor con mi esposa, la mujer de mi vida. Ya varios años después de un episodio difícil, puedo aprender y poner en práctica todos los días que Hablando, se entiende la gente.

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