Las pruebas no están hechas para matarnos, sino para que crezcamos, adquiramos sabiduría y avancemos.
Pero hay algo que puede hacernos más daño que las pruebas y es el pecado.
Hebreos 12:1-2 dice: Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.
El pecado nos detiene, nos hace lentos, nos aleja del propósito de Dios para nuestras vidas
Las pruebas no están hechas para matarnos, pero el pecado sí.
Romanos 6:23 nos recalca: Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.
Mi relación con los platos en casa, se parece muchas veces a mi relación con el pecado…
Si hay algo de todas las labores de la casa que menos me gusta hacer, es lavar los platos, en especial las ollas, pero debo confesarme, estas últimas semanas me ha costado más que antes. Preparo la comida o me sirvo y tomo un plato nuevo, hasta que se acaban y veo que no hay un traste limpio por usar. Dejo que se acumulen, en muchas ocasiones durante todo el día y hasta en la noche, si no me da mucha pereza, me pongo a lavarlos. Creo que, si sigo así, voy terminar comprando puros platos desechables solo por la pereza de no lavar, o hacer las de antes… ir donde le vecino y en lugar de pedirle un poco de azúcar o un poquito de leche que me regale, le pediré prestado un plato, un vaso y los cubiertos.
Si pensamos que los trastos que utilizo durante el día son los pecados que cometo, quiere decir que el pecado no me deja ver mi cocina limpia (mi vida), Esos trastos sucios hacen que mi vida vaya más lento, porque cuando me acuesto a dormir sin lavar los platos, el día siguiente me atraso con todo lo que tengo que hacer porque debo comenzar lavando la montaña que dejé la noche anterior. Así también el pecado me retrasa hacia el propósito que Dios tiene conmigo… Yo puedo comer o cocinar en trastes sucios, pero no es lo adecuado… puedo vivir mi vida pecando e incluso sirviendo a Dios, haciendo milagros, pero eso no quiere decir que estoy bien, o que es lo correcto.
El pecado siempre tiene la misma consecuencia, la muerte.
Jesús nos recuerda en Mateo 7:21-23: No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos mucho milagros? Y entonces les protestaré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad.
Si cocino o como en los platos sucios, me puedo enfermar, puedo contaminar a otros, incluso la comida no va a tener el mejor sabor, los aromas y texturas se van a mezclar de maneras no agradables e incluso por las bacterias que se generen podría terminar con un buen dolor de estómago o en el hospital.
Y el tema del pecado es complicado, porque todos pecamos, nadie se escapa y eso lo dice Romanos 3:23: por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,
Pero hay 2 tipos de pecadores, uno los pecadores de los que nos habla la Biblia principalmente en el Nuevo Testamento que son los que pecan y aun sabiendo que son pecadores, lo siguen haciendo, es su estilo de vida. Publicanos o Recaudadores de Impuestos, Prostitutas, Fornicarios, Borrachos… y los segundos Serían todos los demás, los judíos que pecaban, pero ofrecían sacrificios, pedían perdón por ellos… se supone que son personas como nosotros. Perdonados, con oportunidad de vivir una vida diferente, haciendo que el pecado sea la excepción y no la regla de nuestra vida.
Si dejamos, el pecado en nuestra vida, como con los platos sucios, lo anterior se irá pegando en nuestro corazón y muchas veces se hará difícil de quitar.
La buena noticia es que por más difícil que sea la mancha del pecado en tu vida. Jesús es capaz de limpiarla.
La única manera para limpiar nuestro pecado es ir a Jesús. Que él nos limpie. No esperar o pensar que es algo pequeño. Porque el pecado no es instantáneo, la tentación no es automática, va creciendo y afectando, cuando dejamos que pequeñas cosas se acumulen, esas pequeñas cositas que nos alejan de Dios, que hacen que nuestro corazón se vaya dañando.
¿Está mi corazón, limpio, disponible, para que Jesús lo use cuando guste?
Ir a Jesús apenas me doy cuenta de mi pecado, arrepentirme, pedir perdón y que Él me limpie como lo hacía con David, un hombre conforme al corazón de Dios. Busquemos ser limpiados inmediatamente, disponibles para hacer lo que Dios quiera a través de nosotros.
Las consecuencias del pecado son más fuertes en nuestra vida, entre más tiempo lo dejamos ahí.
En Proverbios 28:13 dice: El que encubre sus pecados no prosperará;
Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.
Apenas nos dicen confesión, pensamos en que debemos acudir a un sacerdote, pastor o guía espiritual, que tenemos que hacer una penitencia, orar varias veces el Padre Nuestro, o como en la escuela que lo ponían a escribir a uno varias veces la misma frase como castigo para no volverlo a hacer, pero en realidad la confesión se trata de expresar, de sacar fuera de nosotros el pecado que tenemos dentro; cuando no confieso mi pecado, me marchito por dentro.
Salmos 32:3-5: Mientras no te confesé mi pecado, las fuerzas se me fueron acabando de tanto llorar.
Me castigabas día y noche, y fui perdiendo fuerzas, como una flor que se marchita bajo el calor del sol.
Pero te confesé mi pecado, y no oculté mi maldad.
Me decidí a reconocer que había sido rebelde contigo, y tú, mi Dios, me perdonaste.
Me contaminó con lo que hay en mi corazón.
En Proverbios 28:13: El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.
Pero todo está incompleto sin la segunda parte, que es “APARTARSE”, a través de la confesión, pero también la decisión de caminar a partir de allí en otra dirección es cuando alcanzamos misericordia.
Pablo nos invita a hacerlo en Efesios 4:28: El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad.
La fuerza para lograrlo solo se encuentra en Jesús. Sigamos poniendo nuestra Mirada en Jesús, todo lo que Jesús es y representa es importante hoy como lo fue ayer. Es lo que nos permite, seguir Adelante.
Hebreos 12:2: puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.
Así que hoy corramos la Carrera de la Vida que Dios nos permite tener.

