Cada vez que tengo la oportunidad de escribir un artículo, de pararme frente a una audiencia o de ir a trabajar, recuerdo que se supone que yo no debería de poder hacerlo.
Soy un hombre del siglo pasado. Nací como muchos, antes del año 2000, específicamente a finales del año 1981. Según el horóscopo chino soy un gallo y aunque no creo en los horóscopos de ningún tipo sé que en 1981 nacimos el reguetonero Pitbull, los cantantes Justin Timberlake y Britney Spears, la actriz Jessica Alba, deportistas como Iker Casillas, Anna Kournikova, Roger Federer y Samuel Eto’o, entre otros, que literalmente han marcado el mundo de una manera o de otra.
Bendito yo entre tanto famoso, lastima que nacer en el mismo año no hizo que llegara al mundo con millones de dólares debajo del brazo, lo que sí hizo fue que como los gallos me encante estar de primero y anunciarle al mundo que la luz llegó.
Nací una tarde de un jueves lluvioso, siempre he sido adelantado y a los 6 meses y medio de formación en el vientre de mi madre, decidí que era tiempo suficiente y que el mundo no podía perderse un minuto más sin mi presencia, así que con la ayuda de fórceps, que son unas cucharas quirúrgicas bien grandes, los médicos lograron introducirme a un nuevo y retador mundo.
Entre broma y broma, mi papá me cuenta que yo era bien feíto cuando nací (no todos nacemos siendo bebés Gerber), que me veía todo amarillo y que parecía más una rata, que un bebé recién nacido. Me retuvieron por algún tiempo dentro de una incubadora y al parecer el calor de la curiosa máquina hizo su efecto y pude salir del hospital. Los médicos advirtieron a mis padres y prácticamente les declararon que al nacer de manera prematura, no me desarrollaría con normalidad, tendría problemas de crecimiento e inclusive mi expectativa de vida no sería muy alta.
En 1981, 20 de cada 1000 bebés en el país moría, el 91% de los nacimientos se daba en los hospitales de la Caja Costarricense del Seguro Social; Costa Rica se enfrentaba a ataques terroristas de un grupo denominado La Familia, encabezada por Viviana Gallardo y el país estaba hundido en una crisis económica, protagonizada por una alta deuda externa, el presidente de ese entonces, Rodrigo Carazo Odio, no quiso ceder a presiones internacionales y le declaró la guerra al Fondo Monetario Mundial y al Banco Mundial.
Mirándolo bien, 1981, por lo menos en Costa Rica, no era el mejor año para traer a un hijo al mundo.
No todos los que nacimos ese año llegamos al mundo con la mejores condiciones ni con todas las circunstancias a nuestro favor. Pero con lo que sí nacemos todos sin excepción es con propósito, sí, aunque usted no lo crea todos servimos para algo, aunque sea para nada… pero todos servimos.
Según las estadísticas y las proyecciones médicas, económicas y mis propias circunstancias yo no debería de haber llegado ni siquiera a los 35 años (estoy por cumplir 40), y mucho menos haber estudiado en la universidad o desarrollarme con normalidad, sin embargo aquí estamos.
Todos pasamos por momentos difíciles, ya sea la partida de un ser querido, la pérdida de empleo, el fracaso del matrimonio, la detección de una enfermedad o majarse el dedo gordo con un martillo. Pero ¿Cuál ha sido la diferencia en mi caso versus cualquier otro? Creo que la clave primero fue Dios y segundo el tener claro que las circunstancias pasadas o futuras nunca determinan el destino final de una persona solo una temporada, la actitud con la que se enfrenten es lo que marca la diferencia. Todos tenemos el poder, no de cambiar nuestras circunstancias pero sí de encontrar nuestro propósito y vivir con esperanza aun en medio de las condiciones más adversas.
Termino con el lema frase de un muy buen amigo: “la vida puede ser dura, pero siempre hay esperanza”.

